La defusión del pensamiento. No te creas todo lo que piensas.

La defusión del pensamiento. No te creas todo lo que piensas.

Por norma general, solemos pasar la mayor parte del día (y de nuestra vida) enredados en pensamientos. De todos los pensamientos que tenemos a lo largo del día, podría decir que son útiles solo el 20% aproximadamente, y me parece un porcentaje elevado. Cuando tenemos que solucionar un problema, tenemos que hacer la lista de la compra, tenemos que organizar un viaje o resolver una tarea en el trabajo, nuestro pensamiento está enfocado en una tarea, por lo que se podría decir que estamos pensando con utilidad. ¿Qué pasa el tiempo restante con nuestra mente y nuestros pensamientos? Pues que estamos dando vueltas constantemente a pensamientos improductivos, pensamientos que no nos llevan a nada, solo a no poder salir del bucle mental. Estamos todo el día construyendo historias sobre suposiciones y posibilidades varias o por el contrario no dejamos de dar vueltas a historias del pasado que no podemos cambiar. Pero el problema ya no es solo esto, el gran problema es que nos creemos nuestros pensamientos. Damos credibilidad a todo lo que nos contamos a lo largo del día. Construimos realidades y estamos sesgados por ellas. Lo que se traduce en que actuamos en función de ellas, Nos ponemos al servicio de nuestros pensamientos; ellos son los que al final manejan nuestra vida. 

Es inevitable que los pensamientos aparezcan y vengan a nuestra mente. El flujo del pensamiento no está bajo nuestro control. Lo que sí puedo controlar es cómo gestiono mis pensamientos. Por un lado está la aceptación (hablaremos de ella en otra publicación). Acepto mis pensamientos tal cual vienen sin querer cambiarlos o resistirme a ellos. Y, por otro lado, está la defusión del pensamientos. La defusión consiste en ser capaz de ver mis pensamientos como lo que son: pensamientos, y no como realidades. Básicamente la defusión consiste en no creernos todo lo que pensamos. Cuando las historias que nos contamos y lo que pensamos no está contrastado con la realidad, no te creas ese pensamiento, Nuestra mente es una mentirosa, nos pone trampas a cada momento en las que solemos caer una y otra vez. ¿Cuántas veces te habrás dicho a ti mism@ que no eres capaz de hacer algo y finalmente has podido hacerlo? ¿Cuántas veces has pensado que algo podría salir mal y finalmente salió bien? ¿Cuántas veces pensaste que tu pareja te estaba engañando y al final no fue cierto? Si nos creemos todo lo que nos decimos estamos perdidos. Dejaremos de actuar en la dirección en la que queremos avanzar, dejando de lado nuestros valores para ponernos a demanda de nuestras historias mentales.

Trabajar la defusión es uno de los pilares básicos de la Terapia de aceptación y compromiso. Para ello se usan diversos ejercicios y metáforas. Uno de los que más me gusta y creo que resulta más útil es el ejercicio de observar a tu mente. Observa los pensamientos que vienen a tu cabeza sin hacer nada con ellos, sin entrar en juicios, ni quedarte enredados en ellos. Son simple pensamientos. Obsérvalos y no creas lo que estás pensando. Date cuenta de cómo estás observando ese pensamiento y date cuenta de la dualidad: tú estas observando a tu mente. Tú eres una entidad y tu mente es otra. Estáis separados, La mente está ahí, mis pensamientos están ahí, pero yo decido qué hago con ellos. El fin último es poder ser más libres, romper el control que nuestra mente ejerce sobre nosotros y poder actuar en función de nuestros valores, a pesar del mensaje que nos esté dando nuestra cabeza.  

Viendo lo potente que es nuestra mente y que solemos creer todo lo que nos cuenta, hablarnos de manera más amable y con más autocompasión, nos ayudaría mucho y sería de gran utilidad para nosotros. 

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