La autoestima. ¿Quién soy?

La autoestima. ¿Quién soy?

La palabra autoestima es bien conocida y utilizada por todos en nuestro día a día. Hacemos afirmaciones tales como: «fulanita tiene poca autoestima, debería quererse más», «menganito es muy seguro de sí mismo, tiene la autoestima alta», «no doy la talla como los demás, tengo la autoestima baja». Primero, definamos qué es la autoestima:  es la valoración, percepción o juicio positivo o negativo que una persona hace de sí misma en función de la evaluación de sus pensamientos, sentimientos y experiencias. Solemos valoramos a nosotros mismos y a nuestra autoestima en función de los demás y en función a lo que hacemos y no hacemos en comparación con los otros, suponiendo que el éxito en la vida está asociado a una alta autoestima. La sociedad en la que vivimos no nos lo pone precisamente fácil. Las redes sociales y mostrar una faceta de nosotros mismos en la que se nos perciba como seguros, felices y exitosos; el culto a la imagen corporal; tener que sobresalir en el trabajo para que se valoren tus logros… Dedicamos mucho tiempo a la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, qué ve el otro en mí pero, ¿qué es lo que verdaderamente necesitamos o queremos de nosotros mismos? ¿Qué necesito yo (y no lo que digan los demás de mí) para crear y mantener mi autoestima?

La autoestima es algo que nos influye de manera global en todos los aspectos de nuestras vidas: en el trabajo, en las relaciones con los demás, en nuestro autoconcepto… Tener una buena autoestima y un autoconcepto firme de nosotros mismos es fundamental para una buena salud menta. A veces somos conscientes de que nuestra autoestima se está viendo minada, que se ha producido un cambio en nosotros y queremos recuperarla; otras veces no nos damos cuenta de que nuestra autoestima y amor propio es pobre, pues ha sido la manera de funcionar que hemos desarrollado siempre. Algunas conductas que nos pueden hacer darnos cuenta que nuestra autoestima es pobre son: compararnos con los demás, no reconocer nuestros logros, nos cuesta tomar decisiones y somos influenciables por la opinión de otros, priorizamos las necesidades de los demás a las nuestras, le damos mucha importancia al aspecto físico, nos sentimos mal en nuestras relaciones con los otros… Todo esto nos influye en nuestro día a día y en muchas ocasiones nos aleja de la vida que realmente nos gustaría vivir.

Es muy fácil decir o pensar que debemos tener más autoestima y que deberíamos querernos más a nosotros mismos o decirle estas mismas palabras a alguna persona que consideramos que tiene la autoestima baja. La realidad es mucho más compleja. Si fuera tan fácil tener una buena autoestima todos la tendríamos. La educación emocional y de autoconcepto que hayamos tenido de pequeños y nuestras experiencias en la vida han hecho que nos hayamos creado una imagen de nosotros mismos. Esto no quiere decir que no se pueda modificar y ajustar. Acudir al psicólogo para que nos ayude a construir una mejor versión y más ajustada de nosotros mismos es un gran paso a tomar. En Casaleiz Psicología trabajamos con Terapia de Aceptación y Compromiso. 

El autocuidado y ser amables con nosotros mismos es un pilar fundamental. Dedícate unos momentos al día para tí mism@ y háblate con amabilidad y bondad. Es un primer paso.

La evitación experiencial

La evitación experiencial

La evitación experiencial es una de las principales características que presenta una persona con ansiedad. La Evitación Experiencial ocurre cuando una persona no está dispuesta a ponerse en contacto con experiencias privadas particulares (sensaciones, emociones, pensamientos, recuerdos) e intenta cambiar la forma o la frecuencia de esos eventos y el contexto que los ocasiona. Por ejemplo dejamos de acudir a aquella cafetería a la que íbamos con nuestra ex-pareja por todos los recuerdos que nos trae cuando estamos allí, cancelamos una cita con el psicólogo por miedo a hablar de nuestros sentimientos o cuando posponemos y posponemos alguna cosa que debemos hacer por la inseguridad que nos crea enfrentarnos a ella. Interiormente también llevamos a cabo estrategias para deshacernos de estos pensamientos, emociones y sensaciones que nos invaden. Nos quedamos enganchados a esos pensamientos tratando de reelaborarlos para que dejen de molestarnos, intentando darles una solución con la falsa ilusión de que así ya no se nos volverán a presentar. Y nada más lejos de la realidad. Cuanto más alimentemos y más material le demos a nuestra mente, más avivará el fuego de pensamientos que arde en nuestra cabeza. Prestarle atención a lo que dice nuestra mente es darle poder, poder que vamos perdiendo nosotros con respecto a ella y al final hacemos y deshacemos según la mente quiere y no lo que queremos nosotros. Y te pregunto, ¿qué quieres realmente? Si no estás seguro tampoco pasa nada 😉

¿Cómo podemos lidiar y afrontar la evitación experiencial? Trabajando la aceptación, que es el lado opuesto a la evitación experiencial. La Aceptación es una estrategia de cambio que consistente en no evitar ni controlar o cambiar los
pensamientos, emociones y sensaciones que nos visitan diariamente y, más concretamente, aquellos que calificamos como negativos e intrusivos, aquellos que no queremos volver a sentir y de los que nos queremos librar. Ante esta situación, lo que se propone es no hacer nada, no enfrentarse a las emociones o pensamientos. Sería admitir o tolerar estos eventos privados y la propia situación, sin intentar modificarlos o controlarlos. En definitiva, dejar de luchar. Y te preguntarás que cómo se hace esto. Lo primero es saber identificar cuales son los eventos privados y situaciones que evitamos. Reconocer e identificar nuestros pensamientos y emociones es fundamental para poder dar el paso hacia la aceptación. Una vez reconocidos no entres a enredarte con el pensamiento o no intentes dejar de sentir ese sentimiento que te invade. Reconócelos, sé consciente de qué estás pensado o sintiendo y simplemente no hagas nada. Déjalo estar. Verás que la intensidad y la duración de estos eventos privados es menor que si intentaras evitarlos. Y con respecto a las situaciones temidas, prueba a hacerlo incluso con miedo o con esa sensación de malestar, o nunca lo harás.

Una manera para fomentar el reconocimiento de pensamientos y emociones es la práctica de mindfulness. Meditar nos abre las puertas a nuestro mundo interior, siendo más fácil conocernos e identificar esos pensamientos intrusivos, así como los sentimientos y emociones que nos visitan diariamente. A partir de su reconocimiento nos será más fácil practicar la aceptación.

Lo que resistes, persiste. Carl Jung

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