Nuestra cabeza siempre está pensando, siempre estamos liados con uno u otro pensamiento: lo que tengo que hacer más tarde, aquello que hice mal en el trabajo, la crítica que me hizo un amigo, planificar un viaje, y una larga lista de etc. Somos capaces de reproducir alrededor de unos 60.000 pensamientos diarios y, cómo no, el 80% de ellos son negativos. Pero tranquil@, don´t panic! Hay ciertas cosas que podemos hacer para acallar el parloteo constante de nuestra mente: practicar nuestra atención plena. 

Seguramente has escuchado hablar alguna vez sobre mindfulness. El mindfulness tiene su origen en el budismo pero en la actualidad no tiene connotaciones religiosas, por lo que es una práctica libre y para todo el mundo. Y bien, ¿qué es mindfulness? Se puede describir el mindfulness como «prestar atención de una determinada forma, a propósito, en el momento presente y sin juzgar» (Jon Kabat-Zinn). Es «ser consciente de lo que está sucediendo en el momento presente con una actitud abierta y receptiva» (Bishop). También se puede definir como «consciencia de la experiencia consciente con aceptación» (Siegel). Si nos fijamos, en todas las descripciones aparecen las palabras momento presente. Prestar atención al momento presente no es más que prestar atención al aquí y ahora. Vivimos en un estado mental que siempre mira o al pasado o al futuro, ¿y el presente? No tenemos más vida que la que vivimos en el presente; el pasado ya pasó y el futuro aún no ha llegado. Este estado mental es el origen del sufrimiento humano, el cual se traduce en numerosos problemas psicológicos como por ejemplo la ansiedad

¿Y cómo podemos practicar mindfulness? Es muy sencillo: llevando nuestra atención al momento presente. Podemos hacer dos tipos de prácticas. Por un lado podemos practicar mindfulness de manera formal, llevando a cabo meditaciones previamente programadas, como por ejemplo meditar todas las noches 15 minutos antes de irnos a la cama o al despertar. Otra forma de práctica es la informal. Consiste en poner toda nuestra atención en las acciones que llevamos a cabo durante nuestro día a día. Siente el agua caliente en tu piel mientras te duchas, escucha con atención el canto de ese pájaro que hay en tu ventana, saborea cada bocado de tu comida, concéntrate en la música que estás escuchando… Haz la prueba y verás que cuando tu atención esta puesta en el momento presente no hay lugar para otros pensamientos, si no que nos focalizamos en las sensaciones, olores, sonidos que el presente nos brinda. 

Con esto no quiero decir que nuestros pensamientos no sean importantes o útiles, sino que supone una ayuda a reducir toda la «basura mental» a lo largo del día. Se han llevado a cabo estudios que demuestran que la gente con más atención plena es más feliz. En la realización de un estudio se propusieron dos tareas diferentes: pasar una hora en la playa o estar una hora fregando platos. Se demostró que las personas que practicaban atención plena mientras fregaban platos eran más felices que los que pasaban una hora en la playa sin prestar atención plena. Así que, no es lo que ocurre sino dónde está la mente mientras ocurre. 

Nada ha sucedido en el pasado; sucedió en el Ahora. Nada va a pasar en el futuro; va a pasar en el Ahora. Eckhart Tolle

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