Cómo manejar un ataque de ansiedad

La ansiedad es un estado de agitación, miedo, vinculado a un objeto o situación inespecífica.

A diferencia del estrés, que tiene un enfoque bien definido, la ansiedad es más sutil y genérica y, por lo tanto, es más difícil de manejar. La sensación de inquietud se genera por una sensación genérica de malestar, por algo que podría suceder, pero sin una indicación horaria precisa, que muchas veces desencadena angustia y miedo.

La ansiedad es el «regalo» de nuestra época, debido a diversos factores de progreso económico, social y cultural que se han traducido en beneficios y limitaciones como arma de doble filo.

Cómo afrontar un ataque de ansiedad


Es fundamental, mediante pequeños pasos diarios, intentar gestionar la ansiedad.

Aquí hay algunos ejercicios sencillos que todos podemos hacer para contrarrestar un ataque de ansiedad:

  • Reconoce y acepta que tienes ansiedad. Tomar conciencia de ella, encontrar un canal para hacerla emerger y gestionarla de forma funcional; de lo contrario se descargará en el cuerpo (dolor de cabeza, temblor, insomnio, dolor de estómago ..) e impactará en la relación con los demás y en el trabajo (arrebatos de ira, frustración, cansancio, bajo rendimiento, baja concentración …).
  • Aviso y cambio. Aprenda a ver lo que le rodea con otros ojos, desarrolle una visión positiva, aproveche sus recursos. Un ejercicio en este sentido puede ser elaborar un diario de positividad al final del día, o escribir al menos tres pequeñas cosas bonitas que te hayan pasado durante el día (una sonrisa, una sorpresa, un acontecimiento inesperado, una llamada telefónica. .)
  • Protégete y limítese. Frente al bombardeo mediático de los acontecimientos mundiales, es necesario seleccionar la información que recibo, filtrar las fuentes de donde provienen, limitar el acceso a unos minutos al día.

Recuerda que nuestro cerebro comete errores, usa estrategias de ahorro de tiempo que nos engañan y solo se enfoca en las malas noticias, dándole más peso.

  • Detente y respira. Es un ejercicio tan simple como difícil. En el ritmo frenético de nuestro día, toma un descanso, concéntrate en el cuerpo, en lo que nos está comunicando en ese momento, concéntrate en la respiración. En la atención se dice que «permanece en el momento presente». Hacer un ejercicio de conciencia corporal nos permite allanar el camino hacia formas más amplias de conciencia, si es algo que nos parece útil.
  • Contacta y comparte. Llamar a amigos, colegas, familiares, vecinos… escribir un mensaje, desahogarse en grupos de facebook, participar en grupos de psicoterapia, llamar a una persona de confianza, enviar señales de humo. Si necesita escuchar o ver una voz amigable, hágalo. A veces, incluso un simple paseo y una charla pueden calmar la ansiedad, porque en ese momento la necesidad es desahogarse y hablar de ello. Compartir y sentirme apoyado por alguien que no nos juzga y entiende cómo me siento es fundamental.
  • Cuida y reduce. Cuidar el cuerpo para cuidar la mente, incluso los antiguos lo decían. Es un ejercicio que no debe subestimarse. Comer bien significa mimarse, dedicar tiempo a uno mismo. Incluso si solo tiene unos minutos de pausa para el almuerzo, desconecte su PC y teléfono, respire aire fresco, tome un descanso para descansar y haga algo que lo haga sentir bien, incluso solo 10 minutos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       También para aprender a manejar el ataque de ansiedad, es importante mantener la higiene del sueño al menos durante la semana porque el cerebro necesita recargar su energía y el sueño perdido no se recupera (pregúntele a las madres de recién nacidos o las que trabajan en turnos).

Realizamos actividad física, aunque sea en pequeñas dosis si no somos amantes del género. El movimiento activa las endorfinas, las hormonas de la felicidad.

  • Ríe y sonríe. Permanecer en un estado de bienestar alivia el dolor percibido, reduce la presión arterial y promueve la regeneración celular. Reír es bueno para el cuerpo y la mente, hay muchos estudios que han demostrado científicamente este hecho bastante objetivo. Menos obvio es que deberíamos hacerlo con más frecuencia, incluso para cosas pequeñas, para que se convierta en una actitud.
  • Pedir ayuda. Si reconoces que la ansiedad es demasiada, que no es manejable, que afecta los días, relaciones, amistades, trabajo, que es una carga insoportable, que te está arruinando, no tengas miedo ni vergüenza de pedir ayuda a un profesional.


El regalo más bonito y valiente que puedes darte a ti mismo y emprender un camino de apoyo para afrontar tu dolor y recuperar la serenidad.

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