Las emociones y su gestión.

Las emociones y su gestión.

Las emociones son aquello que sentimos ante un estímulo. La presencia de una persona o un acontecimiento genera en nosotros una respuesta emocional. Esta respuesta emocional también se manifiesta en nuestro cuerpo de manera física. Por ejemplo podemos sentir cómo se nos acelera el corazón en una situación de ansiedad, cómo se me crea un nudo en la garganta cuando siento pena o como nos sube una sensación de calor ante el enfado. Conocer cuáles son mis emociones y cómo se manifiestan es fundamental para una buena gestión emocional.

Autoconocimiento emocional

Conocer nuestro mundo interno y qué está sucediendo dentro de nosotros es la clave para poder autorregular nuestro estado emocional. Para ello es útil explorar a lo largo del día cómo me estoy sintiendo o qué me hace sentir determinada situación. Es importante parar, tomarnos un tiempo para nosotros mismos y poder identificar qué emociones estoy sintiendo. Sólo desde el autoconocimiento y la consciencia de lo que sucede puedo gestionar mis emociones. Aquello de lo que no soy consciente pasará desapercibido y no podré intervenir sobre ello, quedando así a merced de mis emociones.

 

La evitación experiencial

El mayor problema con respecto a la gestión emocional es la evitación experiencial. Queremos evitar sentir determinadas emociones que calificamos como “negativas” y hacemos todo lo posible por huir de ellas. No estamos dispuestos a entrar en contacto con ellas. La trampa de todo esto es que no podemos escapar de nuestras emociones, por mucho que luchemos contra ellas y las queramos modificar. Por ello, la única solución es aceptar aquello que sucede dentro de mí. Aprender a quedarnos en presencia de nuestras emociones y ver qué podemos aprender de ellas. Si abandonamos la lucha, tendremos una oportunidad para su gestión hacia un resultado más adaptativo.

 

La gestión emocional

Como se ha comentado antes, para una buena gestión emocional, primero debemos conocer y ser conscientes de cómo nos estamos sintiendo y que emoción estamos experimentando. Mantenernos abiertos a nuestras emociones y sin juicio sería el primer paso. Una vez que aceptamos nuestra emoción debemos fomentar un pensamiento reflexivo sobre aquello que me está haciendo sentir así y las decisiones derivadas que pueda tomar con respecto a la situación. Es importante que determinemos cuál será la actuación que queramos llevar a cabo, a pesar de cómo nos estemos sintiendo. De esta manera podremos seguir comprometidos con aquello que es importante para nosotros y no actuar en función de la emoción que esté experimentando. Así puedo decidir seguir comprometida con hacer deporte a pesar del sentimiento de pereza que pueda sentir, por ejemplo.

Expresar nuestras emociones también es importante para su autorregulación. Exteriorizar a otra persona como me siento, escribir, hacer deporte, cocinar, llorar, escuchar música… son formas diferentes de expresión y liberación emocional.

Por otro lado, la práctica de mindfulness también es una buena herramienta para la gestión y autorregulación emocional.

 

Si crees que necesitas ayuda psicológica no dudes en ponerte en contacto con un profesional de la salud mental. En Casaleiz Psicología estamos a tu lado para ayudarte. No dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Terapia psicológica, ¿en qué consiste?

Terapia psicológica, ¿en qué consiste?

Ante la idea de acudir a terapia psicológica son muchas las dudas que nos pueden asaltar y nos impidan dar el paso; como por ejemplo si la terapia será efectiva o si nos ayudará a solucionar nuestros problemas. También puede influir la incertidumbre de cómo es acudir a terapia, el miedo a los cambios o la incomodidad de exponer nuestros sentimientos y vida íntima ante un desconocido/a. Otras veces entra en juego la creencia de que debemos solucionar nosotros mismos lo que nos pasa o que nuestro problema no es tan importante como para pedir ayuda. Sea lo que sea, lo que tienen en común estos factores es que nos aleja del hecho de pedir ayuda y, por tanto, seguimos alargando nuestro malestar y sufrimiento.

En este post vamos a hablar sobre las expectativas más comunes que suele tener la gente a la hora de pedir ayuda psicológica y en lo que consiste realmente el trabajo que se realiza en consulta.

 

Expectativas y creencias más comunes sobre la terapia psicológica

A lo largo de mi trabajo como psicóloga especialista en Terapia de aceptación y compromiso (ACT) he podido ver que, en muchas ocasiones, la gente tiene unas ideas y expectativas desvirtuadas sobre acudir a terapia. Estas son las dos más comunes:

Quiero aprender a controlar mis emociones”. Esta es una de las frases que más escucho cuando pregunto a la persona que viene por primera vez a consulta qué espera conseguir con la terapia. El significado de controlar implica tener la capacidad de decidir e interferir en cómo me afectan mis emociones o qué emoción quiero tener o no. Suponemos que depende de nosotros decidir cuál es nuestro mundo emocional y poder cambiarlo a nuestro antojo. Por este motivo la petición en consulta es querer controlar emociones, para así poder suprimir aquellas emociones “negativas” y poder sustituirlas por emociones “positivas”. Y de esta manera ser más felices. Caemos así en una trampa pues esto no se puede conseguir. En el siguiente apartado veremos la realidad de la gestión emocional.

Quiero dejar de tener estos pensamientos”. De la misma forma que las personas quieren dejar de sentir emociones desagradables  pasa lo mismo con los pensamientos. La petición popular es querer dejar de pensar esto o aquello y tener pensamientos más positivos que no les causen dolor o les impidan hacer cosas. Volvemos a querer controlar. Poder controlar qué tipo de pensamientos voy a tener para así poder deshacerme del sufrimiento que me causan. Y, siento decirte, que esto no funciona así. Lo veremos más adelante.

 

 Cuando se comenta y se explica cuál es el verdadero funcionamiento de las emociones y los pensamientos, las personas suelen darse cuenta de la trampa en la que están inmersos. Así se abren al proceso de terapia bajo una perspectiva más realista. Lo vemos a continuación.

 

Qué se trabaja realmente en terapia psicológica

Como he comentado anteriormente, mi trabajo como psicóloga se desarrolla bajo el marco teórico de la Terapia de aceptación y compromiso. Atendiendo a este enfoque veamos en qué consiste realmente el trabajo en sesión y los objetivos a conseguir. Estos serían los tres puntos más relevantes:

Gestión emocional.

Hablamos aquí de gestión de nuestras emociones y sentimientos y no de control. ¿Cuántas veces has querido cambiar, eliminar, controlar tus emociones? ¿Has tenido éxito? Casi seguro que no. Tenemos que entender y aprender que nuestras emociones son las que son, no podemos decidir sobre ellas. Todas nuestras emociones son válidas pues nos dan información. Podemos decir que unas son más agradables de sentir que otras pero no por ello puedo eliminarlas. Aceptarlas y aprender a vivir con ellas es la solución más adaptativa, pues no hay otra. Todo lo que nos lleve al control, a la lucha, solo nos hace invertir esfuerzo en una solución que nunca llegará. Por todo esto, durante la terapia se aprende a identificar emociones y a poder estar en presencia de ellas. La aceptación y el no juicio como camino a una relación sana con nuestro mundo emocional.

Gestión del pensamiento.

De la misma forma que no podemos eliminar o decidir cuáles son nuestras emociones no podemos eliminar o decidir cuáles son nuestros pensamientos. El pensamiento se genera de manera independiente a lo que queramos pensar. Si te digo “no pienses en un elefante blanco” automáticamente se crea en tu mente la imagen de un elefante blanco. Vamos entonces a aprender a diferenciar entre pensamiento útil y pensamiento limitante y a gestionar este último. Para gestionar los pensamientos se usan técnicas de defusión. La defusión consiste en separarme de mis pensamientos, en poder observarlos y no apegarme y/o creerme el mensaje que me estén dando. Si mi mente me dice “soy torpe” voy a dejar de hacer muchas cosas debido a que me creo este pensamiento. Si a pesar de tener este pensamiento, dejo de darle credibilidad y hago cosas, será la experiencia la que me diga si he sido capaz o no de hacer aquello que quería. Por eso, durante la terapia, se aprende a estar en presencia de los pensamientos pero de manera defusionada.

Acciones orientadas a valores.

Desde el punto de vista del control y la lucha, al no poder cambiar lo que siento y pienso, me alejo de aquellas cosas importantes para mí. Espero a sentirme mejor o a dejar de tener ciertos pensamientos para actuar según quiero hacerlo pero, me doy cuento que esto nunca llega a suceder. Trabajando la gestión emocional y de pensamiento aprendo a dirigirme hacia aquello que es importante para mí a pesar de sentirme de una determinada forma o tener determinado pensamiento. Aprendo a dirigir mi vida y no a que lo hagan mis emociones y mis pensamientos. Este es el fin último de la terapia, poder actuar y dirigirme hacia la vida que realmente quiero llevar.

 

Todo ello implica tiempo, trabajo y esfuerzo. No solo se ven cambios por el hecho de acudir a terapia. La terapia psicológica implica un compromiso con uno mismo y con el trabajo propuesto durante las sesiones. Eso sí, siempre con la ayuda, el apoyo y el acompañamiento del psicólogo.

 

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Una mirada hacia el trastorno obsesivo-compulsivo

Una mirada hacia el trastorno obsesivo-compulsivo

El trastorno obsesivo-compulsivo es uno de los trastornos de ansiedad por excelencia. El TOC se caracteriza por dos componentes: obsesiones y compulsiones. Comencemos poniendo un ejemplo. Para una persona que padece TOC de limpieza sus obsesiones girarán en torno a la idea de que todo está contaminado o que los gérmenes le van a hacer enfermar, entre otros. Las compulsiones serán lavarse las manos continuamente o dedicar muchas horas al día a la limpieza del hogar. Ahora, profundicemos un poco más en esto. 

 

¿En qué consiste el trastorno obsesivo-compulsivo?

El trastorno obsesivo-compulsivo es uno de los trastornos de ansiedad más limitantes e incapacitantes que conocemos. Como su propio nombre indica se compone de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos de carácter intrusivo sobre los que la persona no tiene control. Cuando estos pensamientos aparecen parecen definir exactamente la realidad de la persona que los piensa. Son molestos, provocan sufrimiento e interfieren en el día a día de la persona. Para compensar estos pensamientos intrusivos se llevan a cabo las compulsiones. Las compulsiones son comportamientos repetitivos, bien conductualmente observables o bien de pensamiento, dirigidos a acabar con la ansiedad que producen las obsesiones. Pero paradójicamente las compulsiones no acaban con los pensamientos intrusivos, pues estos vuelven una y otra vez. De esta forma vemos que lejos de solucionar el problema, las compulsiones empeoran la situación de la persona, pues se ve atrapada en un círculo vicioso del que no puede salir. La ansiedad que sufre una persona que padece TOC es muy elevada pues se ve incapaz de salir de esta situación.

 

¿Cómo es vivir con trastorno obsesivo-compulsivo?

Una de las principales cosas que refiere una persona que padece trastorno obsesivo-compulsivo es su falta de control sobre el problema. Se dan cuenta que las obsesiones y las compulsiones que llevan a cabo son irracionales pero no pueden parar de hacerlo. Al ser algo que no pueden controlar, en muchas ocasiones, lo perciben como algo independiente de su propia persona.

El impacto que tiene este trastorno sobre la persona que lo padece puede llegar a afectar a sus áreas vitales como el trabajo o los estudios o las relaciones de pareja o interpersonales. Esto supone una gran fuente de malestar pues la vida que quiere llevar la persona se aleja de la que verdaderamente lleva.

La autoestima y el autoconcepto de una persona que padece TOC también se ve afectado; sobre todo cuando hacemos referencia a la capacidad percibida para hacer frente al problema, adaptarse a un trabajo o mantener una relación de pareja.

Todo esto es un añadido a la ansiedad que ya sufre la persona por las propias características del TOC. De esta forma el malestar y el sufrimiento de una persona con este trastorno va mucho más allá de un pensamiento intrusivo o tener que llevar a cabo una compulsión. La vida de la persona queda dirigida en muchas ocasiones por su problema y no por su libre elección, lo que conlleva un sentimiento y una sensación de pérdida de control sobre su propia vida.

 

Terapia de aceptación y compromiso en TOC

El principal tratamiento psicológico para tratar el trastorno obsesivo-compulsivo es la exposición con prevención de respuestas (EPR). Desde este enfoque se expone a la persona a las vivencias temidas con el propósito de que cada vez produzcan menor activación y los niveles de ansiedad bajen. A pesar de que los resultados avalan su eficacia, la exposición es realmente aversiva e insoportable para gran cantidad de personas.

La terapia de aceptación y compromiso supone una nueva aproximación al tratamiento del trastorno obsesivo-compulsivo. Bajo el concepto de “flexibilidad psicológica” se aprende a aceptar los eventos privados y la ansiedad sin luchar o querer eliminarla.

Podemos tratar al trastorno obsesivo-compulsivo como un trastorno de evitación experiencial. La persona quiere evitar y suprimir a toda costa los pensamientos obsesivos y para ello lleva a cabo los comportamientos compulsivos. Esto puede funcionar como un alivio a corto plazo, pero más allá de solucionar el problema, lo continúa y lo agrava. La persona no es capaz de salir de los círculos viciosos de obsesión y compulsión en los que se ve envuelta. Así, la ACT propone un cambio de foco en el tratamiento, dándole prioridad a los valores personales de cada persona y trabajando en la aceptación y el debilitamiento de la literalidad de los pensamientos obsesivos.

En resumen, trabajar bajo el enfoque ACT supone aceptar los eventos privados, quitarles carga literal y realismo, y enfocar y dirigir la vida de la persona en función de lo que es importante para ella, en función de sus valores.

 

Si padeces trastorno obsesivo-compulsivo y estás sufriendo por ello es importante consultar con un profesional de la salud mental. En Casaleiz Psicología estamos a tu lado para ayudarte. No dudes en ponerte en contacto con nosotros. 

 

La importancia de los valores personales para un buen ajuste psicológico

La importancia de los valores personales para un buen ajuste psicológico

Los valores personales son las cosas que son importantes para nosotros, las características y comportamientos que nos motivan y guían nuestras decisiones. Algunos ejemplo de valores personales serían la honestidad, el cuidado de nuestros seres queridos, el respeto, la amistad… Cada uno elegimos nuestros valores y no hay uno más importante que otro. Cada uno de nosotros los establecemos libremente a fin de adecuarlos a nuestro estilo de vida, cumplimiento de metas y satisfacción de necesidades

 

Valores personales y dirección vital

Los valores personales dan sentido a nuestras vidas y a la manera en la que nos comportamos. Actuar en consecuencia a nuestros valores supone seguir haciéndolo a pesar de los obstáculos que puedan aparecer. Así, si para mí es importante practicar deporte, lo haré a pesar de la pereza que puede suponer ir al gimnasio después de una dura jornada laboral. En ocasiones, comportarnos de acuerdo a nuestros valores es complicado, pues entran en juego emociones y pensamientos . De esta manera comenzamos a actuar en función de mis emociones para tratar de aliviarlas. O, por el contrario, damos tanta credibilidad a nuestros pensamientos que nos alejamos de nuestros valores. El trabajo que se hace en terapia con respecto a valores personales es fundamental. A veces, debido a problemas vitales o a problemas psicológicos, podemos perder la conexión con valores y nuestra dirección vital. No sabemos a dónde nos dirigimos ni qué sentido tiene nuestra vida. Así de aprende a volver a entrar en contacto con ellos y a actuar en consecuencia a pesar de emociones y pensamientos que hagan que nos alejemos, Los valores pueden motivar la conducta incluso frente a las adversidades personales más duras. 

 

Espacio para el sufrimiento

Alejarnos de nuestros valores personales hace que se cree una ventana para el sufrimiento. Cuando dejamos de actuar en consecuencia de lo que es importante para nosotros nos alejamos de cómo queremos ser en realidad y eso conlleva un malestar asociado. Es imposible eliminar todo malestar de nuestra vida pero, si a pesar de la adversidad seguimos actuando de manera valiosa para nosotros, no convertiremos ese malestar en sufrimiento. Así nos centramos en aquello que podemos controlar de forma directa, que son nuestras acciones orientadas al valor en vez de controlar emociones y pensamientos para poder orientarme al valor. El propósito es seguir manteniendo mis acciones valiosas en presencia de mi mundo interno, a veces difícil de manejar. Es poder seguir una dirección a pesar del malestar que esté sufriendo. De esta forma nuestra vida seguirá teniendo sentido y nuestro ajuste psicológico será más adaptativo. 

 

Como psicóloga en Málaga en Casaleiz Psicología estamos a tu lado para cuando nos necesites. No dudes en ponerte en contacto con nosotros y reservar una cita. Tu salud mental es importante. 

La ansiedad y su gestión.

La ansiedad y su gestión.

Conocer en qué consiste la ansiedad es fundamental para empezar a gestionarla. La ansiedad es uno de los principales problemas psicológicos de la actualidad. Cada vez son más las personas que sufren ansiedad y que presentan dificultades para desenvolverse en su día a día sin un sentimiento constante de malestar. El propósito de este post, como psicóloga especialista en problemas de ansiedad, es que el lector conozca en qué consiste el sentimiento de ansiedad. De esta manera, desde el conocimiento, nos podremos enfrentar a ella y aprender a gestionarla. 

 

¿En qué consiste la ansiedad?

La ansiedad es un sentimiento que experimentamos y se que se apodera de nosotros cuando nos anticipamos a una situación, a priori amenazante, en la cual percibimos que nuestros recursos para hacerle frente no son suficientes. Juega un papel importante la incertidumbre. A diferencia del miedo, no hay un estímulo presente que nos genere ese sentimiento, sino que son las predicciones de lo que va a suceder lo que nos hace sentir ansiedad. 

El sentimiento de ansiedad es adaptativo, pues funciona como una alarma que nos avisa de un posible peligro. El problema viene cuando cualquier cosa se convierte en un peligro y todo nos supone una amenaza. Nos pasamos todo el día alerta y anticipando posibles catástrofes. Esto tiene un gran impacto en nuestro día a día pues todos nuestros esfuerzos van dirigidos a controlar y evitar este sentimiento de ansiedad. ¿Y funciona? Nuestra experiencia nos dice que no, que por mucho que hagamos la ansiedad no se va.

Conocer en qué consiste la ansiedad es fundamental para empezar a gestionarla.

 

El problema de la evitación de la ansiedad.

¿Cómo nos afecta la evitación experiencial? Cuando sentimos ansiedad todos nuestros esfuerzos van orientados a quitarme esa emoción, a no sentir lo que estoy sintiendo. Comenzamos una lucha contra el sentimiento de ansiedad queriendo que desaparezca a toda costa. Pero ¿todos los esfuerzos que has hecho hasta el momento para librarte de la ansiedad te han servido de algo? Según nuestra experiencia vemos que la ansiedad puede que desaparezca en el momento, pero vuelve a nosotros más tarde como un boomerang. Nunca desaparece.

La evitación experiencial pasa por hacer o dejar de hacer ciertas cosas con la intención de controlar y eliminar el sentimiento de ansiedad y esto nos lleva a alejarnos de lo que es importante para nosotros. Estos esfuerzos de control nos impiden movernos hacia direcciones valiosas y sacrificamos nuestros objetivos. Finalmente es la emoción de ansiedad la que toma las riendas de nuestra vida. 

 

Aceptar la ansiedad para gestionarla.

Tenemos que saber que la aparición de la ansiedad y sus pensamientos asociados es un proceso automático sobre el que nosotros no tenemos control. Los intentos por cambiar esto es una lucha perdida pues es imposible cambiar nuestros sentimientos, emociones y pensamientos. Por otro lado, la emoción de ansiedad no dura para siempre.  ¿Qué podemos hacer entonces si no lo podemos cambiar y escapar de la emoción tampoco es útil? Pues aceptar.

Aceptar nuestro mundo interno nos lleva a actuar, a seguir haciendo aquello que quiero hacer a pesar de mi sentimiento de ansiedad. Cuando aceptamos dejamos de estar limitados y podemos decidir en función de nuestros valores, de lo que es importante para nosotros, y no en función de lo que mi ansiedad me dice que haga. Nosotros somos el recipiente, el continente que contiene nuestros sentimientos y pensamientos, pero somos libres de actuar y decidir, independientemente de lo que estemos llenos, es decir, de lo que estemos sintiendo. 

Trabajar la aceptación emocional, conocernos y reconocernos es la clave para gestionar nuestro sentimiento de ansiedad y no vernos limitados por ello.

 

Si necesitas ayuda para gestionar la ansiedad, en Casaleiz Psicología estamos a tu lado para ayudarte. 

 

 

Miedos irracionales

Miedos irracionales

Sentir miedo es algo normal y adaptativo. Funciona como una alarma que nos prepara para afrontar el peligro y poner en marcha diferentes estrategias. Cuando percibimos una amenaza, el sentimiento de miedo hace que luchemos, que nos enfrentemos al peligro o, por el contrario, que nos retiremos y nos pongamos a salvo. Evolutivamente, su utilidad ha hecho que sobrevivamos como especie. A día de hoy ya no nos tenemos que preocupar por sobrevivir, pero el miedo sigue con nosotros. Ahora sentimos miedo por otra serie de cosas ya no tan ligadas a la supervivencia pero este sentimiento nos sigue siendo útil para afrontar diferentes situaciones. El problema radica cuando nuestros miedos nos impiden o limitan llevar a cabo nuestra vida con normalidad. 

¿Qué son los miedos irracionales? 

La sensación de miedo viene producida por un estímulo real que resulta amenazante. Por ejemplo, tenerle miedo a las alturas. Cuando nos encontramos en lugares altos podríamos caer al vacío. Es una situación que amenaza a nuestra supervivencia y en la que es adaptativo sentir miedo. Por el contrario, el miedo irracional es aquel que sentimos ante estímulos que no suponen amenaza para la vida. Sentir miedo cuando vemos un caracol no parece que sea muy adaptativo para nuestra supervivencia aunque el miedo que sentimos es real. Estos miedos son condicionados, es decir, no vienen «de fábrica» sino que son miedos aprendidos. En algún momento de nuestro pasado, sucedió algo relacionado con el estímulo que nos da miedo y aprendimos a tener miedo. Estos miedos, en muchas ocasiones, se pueden volver limitantes a la hora de llevar una vida normal. Tener miedo a los caracoles no parece muy limitante, pues no todos los días vemos caracoles. Pero, ¿qué pasaría si tengo miedo a hablar en público y me gano la vida como profesora? Como psicóloga en Málaga te expongo algunos tips para afrontar estos miedos irracionales. 

¿Qué podemos hacer? 

Aprender a gestionar nuestros miedos es fundamental para que no nos limiten en nuestro día a día y no dejemos de hacer aquello que es importante para nosotros. ¿Qué podemos hacer para gestionar el miedo?

REONOCER. Conocer nuestros miedos es el primer paso para poder intervenir sobre ellos. Ser consciente de a qué le tengo miedo. Conocer las sensaciones físicas asociadas a la emoción y saber en qué consiste la experiencia de miedo. Cuando soy consciente de todo esto me resultará más sencillo reconocer mi sentimiento de miedo. Si nos familiarizamos con esto, nos resultará más fácil gestionarlo.

ACEPTAR. ¿Qué haces o dejas de hacer para evitar tus miedos? ¿Te está sirviendo de algo? ¿Cómo se ve limitada tu vida? Querer evitar o hacer que desaparezca el sentimiento de miedo es el primer error para poder afrontarlo, sencillamente porque no podemos eliminar emociones. Aceptar que sentimos miedo ante ciertas situaciones o estímulos nos ayudará a poder estar en contacto con aquello a lo que tememos y ver que no pasa nada por ello. La emoción de miedo es solo eso, una emoción y debemos aprender a vivir con ella. 

ACTUAR EN FUNCIÓN A NUESTROS VALORES. Seguir haciendo aquello que es importante para nosotros a pesar del sentimiento de miedo. Cuando dejamos de hacer aquello que es valioso para nosotros aparece el malestar. De esta forma, sumamos el sentimiento de malestar a la emoción de miedo, por lo que me sentiré mal doblemente: por sentir miedo y por dejar de hacer aquello que quiero hacer. Debemos pues prender a vivir a pesar de nuestro miedo.

 

Si necesitas ayuda no dudes en ponerte en contacto con nosotros. En Casaleiz Psicología estamos a tu lado para cuando nos necesites. 

La importancia de acudir a terapia psicológica

La importancia de acudir a terapia psicológica

Se podría enumerar una extensa lista sobre las causas que nos pueden llevar a buscar ayuda y terapia psicológica. Pues bien, podríamos resumirlo todo haciéndonos la siguiente pregunta: ¿estoy viviendo la vida que quiero vivir? En muchas ocasiones los problemas psicológicos que nos limitan son fácilmente reconocibles como ansiedad y estrés o estado de ánimo bajo. En otras simplemente nos resignamos a vivir con cierto malestar que ni siquiera sabemos de dónde viene o como manejarlo. Consideramos que no tenemos un problema psicológico como tal pero este malestar nos limita nuestro día a día. Como psicóloga en Málaga sugiero que este sería el momento de plantearnos acudir a consulta.

Indicadores que nos avisan cuándo acudir a terapia psicológica.

Son muchas las señales que nos indican que sería beneficioso para nosotros acudir a terapia psicológica.

Sientes que no puedes hacer frente a las demandas del día a día. Te sientes sin fuerzas, piensas que todo te supera y no te ves capaz de realizar todas las tareas propuestas para el día. Es un sentimiento de incapacidad y hace que termines el día agotado/a.

Tu estado de ánimo es bajo y te sientes triste la mayor parte del día. Hay un sentimiento de tristeza que se apodera de ti y te impide realizar tus actividades diarias. Te sientes mal la mayor parte del día, apático/a y sin fuerzas para hacer nada. Este sentimiento de malestar está haciendo que dejes de hacer aquello que es importante para ti.

Te sientes perdido, estancado y no sabes qué camino seguir. En muchas ocasiones tenemos la sensación de que no sabemos qué hacer con nuestra vida. Nos sentimos perdidos y estancados. Sabemos que necesitamos hacer cambios en nuestra vida pero no sabemos por dónde empezar. Es como una sensación de parálisis que nos impide salir del estado en el que nos encontramos.

Sufres dolor de cabeza, de estómago y/u otros síntomas corporales. Nuestro cuerpo es sabio y en muchas ocasiones nos alerta de que algo no va bien a nivel emocional. Sentir dolores corporales puede ser un indicativo de que algo no va bien dentro de nosotros, a pesar de que no sepamos identificar qué nos sucede.

Sientes falta de autoestima e inseguridad. Sentirnos bien con nosotros mismos es fundamental para nuestro desarrollo emocional. Sientes que no eres suficiente y constantemente te comparas con los demás.

Tus relaciones interpersonales se están viendo dañadas. Muchas veces cuando algo no va bien dentro de nosotros se refleja en el trato que tenemos con los demás. En otras ocasiones nos sentimos descontentos con las relaciones que mantenemos con amigos o familiares, compañeros de trabajo y no sabemos bien cómo solucionar esto.

La importancia de acudir al psicólogo.

De igual manera que acudimos a nuestro médico de cabecera cuando sentimos dolor físico, deberíamos acudir al psicólogo cuando nos sentimos mal emocionalmente. A pesar de que cada vez es más frecuente que las personas acudan a terapia, aún hay mucho recelo y tabús sobre pedir ayuda psicológica.

Lo que está claro y demostrado científicamente es que la terapia psicológica funciona y nos ayuda a solucionar los problemas psicológicos que estemos atravesando en el momento presente. La gestión emocional y de pensamiento, el autoconocimiento y contar con herramientas con las que poder hacer frente a nuestro día a día son fundamentales para cuidar nuestra salud mental.

Si tienes dudas o estás pensando acudir al psicólogo no dudes en ponerte en contacto con nosotros. En Casaleiz Psicología somos especialistas en problemas de ansiedad. Pide una cita y comienza a cuidar tu salud mental.

Apatía y Activación conductual

Apatía y Activación conductual

¿Qué es la apatía?

La apatía es un estado de ánimo en el que la persona que lo sufre siente desinterés, falta de motivación y entusiasmo por los diferentes aspectos de la vida. Seguramente todos nosotros nos hemos sentido apáticos en algún momento, sin ganas de hacer nada a pesar de tener la obligación de hacerlo. Cuando nos encontramos en un estado de apatía es muy frecuente sentir falta de motivación, desilusión y desinterés y por ello dejemos de hacer las cosas con las que antes disfrutábamos.

La apatía puede estar relacionada y puede ser síntoma de otras enfermedades y trastornos psicológicos. Por ejemplo, es uno de los principales síntomas que sufren las personas con depresión. También es muy frecuente en las personas que sufren demencia o alzheimer. El desgaste diario sufrido por la ansiedad y el estrés nos puede llevar a este estado de ánimo apático, en el que no nos apetece atender a más demandas. Otro tipo de enfermedades como la anemia o infecciones también pueden provocar estados de apatía.

¿Cómo funciona la apatía?

Como ya hemos comentado anteriormente, la apatía hace que nos encontremos en un estado de ánimo bajo, caracterizado por la falta de motivación e interés para realizar nuestras actividades diarias. Algunas de las actividades que dejamos de lado son obligaciones y tareas importantes que no podemos desatender, como por ejemplo el trabajo. Esto nos puede traer consecuencias importantes. Por otro lado dejamos de atender también nuestros hobbies y actividades que son gratificantes para nosotros. Esto hace que dejemos de sentir satisfacción y gradualmente dejemos de hacer aquello con lo que antes disfrutábamos.

El problema de todo esto es que cuantas más cosas dejemos de hacer, menos oportunidades tendremos de ser recompensados y poder experimentar sensaciones agradables y, por lo tanto, menos ganas tendremos de hacer cosas. Esto es a lo que llamamos círculos viciosos: como no tengo ganas de hacer nada no hago nada y como no hago nada no tengo ganas de hacerlo.

Otro factor importantes es que la persona que se siente apática está esperando a recuperar su ánimo y sus ganas para volver a retomar aquellas cosas que ha dejado de hacer. Y así, puede estar indefinidamente esperando a que esas ganas vuelvan. ¿Cuánto tiempo puede sacrificar una persona esperando este cambio? ¿Y si las ganas nunca vuelven? ¿Vamos a dejar de llevar la vida que deseamos llevar? ¿Y si le damos la vuelta a la tortilla y empezamos a hacer cosas a pesar del sentimiento de apatía? 

La activación conductual

Como ya sabemos, el sentimiento de apatía provoca que dejemos de hacer aquellas cosas importantes para nosotros. Debido a esta falta de actividad podemos experimentar otras muchas emociones como tristeza, ansiedad o vacío. Todo ello hará que según avance el tiempo nos sea más difícil salir de este estado anímico. La activación conductual es un tipo de terapia psicológica que nos ayuda a salir de esta situación.

La activación conductual propone poner de nuevo en marcha a la persona, hacer que retome poco a poco las cosas que ha dejado de hacer y ayudarla a reconectar con las sensaciones de bienestar que experimentaba cuando hacía estas cosas. Se debe empezar por objetivos sencillos y fáciles de cumplir para la persona y gradualmente ir añadiendo tareas. El objetico final es recuperar la vida que la persona llevaba anteriormente. Entre terapeuta y paciente se elaborará la lista de tareas. Es fundamental que los objetivos sean claros y asequibles para que la persona se pueda comprometer a llevarlos a cabo. De esta forma de rompen los círculos viciosos y la persona puede retomar su vida. Por otro lado también es muy importante trabajar a su vez la gestión emocional durante la terapia.

Conducta suicida, mitos y realidad.

Conducta suicida, mitos y realidad.

Hablar de suicidio sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad. Parece ser que nos da miedo hablar sobre conducta suicida. Si damos visibilidad o hablamos del tema nos parece que estamos empujando a la persona que está contemplando esta alternativa a que termine haciéndolo. Pero nada más lejos de la realidad.

Estadísticas y prevalencia del suicidio

En España se producen diez suicidios de media al día. En el año 2019, la incidencia de muertes por suicidio aumentó en un 3,7%. Se puede decir que es el mayor problema de salud pública en Europa. La conducta suicida se produce más comúnmente en varones que en mujeres. También es más elevado el número de suicidios en pueblos que en ciudades. Un 85% de los suicidios está relacionado con enfermedad mental como depresión o ansiedad. Y, a pesar de todos estos datos, aún siguen faltando recursos de prevención.

Algunos recursos para fomentar la prevención de la conducta suicida pasaría por ofrecer mayor formación a los profesionales de atención primaria. La formación de equipos especializados en salud mental y conducta suicida en atención primaria se hace un recurso indispensable. Darle visibilidad a este tema en nuestra sociedad es otro aspecto fundamental. No existe de lo que no se habla. De igual modo, un teléfono gratuito de atención para personas que están pensando en suicidarse podría frenar y disminuir el número de suicidios.

Mitos y realidades de la conducta suicida.

Son muchas las ideas erróneas que se tienen en torno a la conducta suicida y las características de las personas que están pensando en suicidarse o finalmente lo hacen. Veamos algunas de ellas.

«LA PERSONA QUE DICE QUE SE VA A SUICIDAR NO TERMINA HACIÉNDOLO» Se ha demostrado que un alto porcentaje de personas que se han suicidado dijeron clara y abiertamente su propósito de suicidarse o habían hablado del tema.

«LAS PERSONAS QUE SE SUICIDAN SON COBARDES/VALIENTES» La persona que finalmente se suicida es una persona que sufre. Estas personas no encuentra otra salida para aliviar su sufrimiento. Prefieran morir a seguir viviendo la vida que llevan.

«HABLAR DE SUICIDIO PROVOCA SUICIDIO» Hablar con una persona que está pensando en suicidarse sobre sus pensamientos suicidas y lo que la hace sufrir disminuye el riesgo. Ver que no está sola y proponerle otras alternativas hace que se pueda replantear esta alternativa.

Cosas que podemos hacer para ayudar a alguien que está pensando en suicidio

Hablar con la persona que está pensando en suicidarse, escucharle y dejar que se exprese y muestre sus sentimientos le ayudará a aliviar su carga.

No expresar asombro o espanto ante la idea y sus verbalizaciones. Podemos expresarle nuestra preocupación sobre lo que nos está contando y ofrecerle nuestra ayuda.

No juzgar ni cuestionar si el suicidio es la decisión correcta. No entremos en darle un sermón o trasmitirle la importancia y el valor de la vida. Podemos decirle que hay alternativas pero sin entrar en consejos vacíos.

No dejar sola a la persona que esté pensando en quitarse la vida. A pesar de ello tampoco entrar en un control excesivo.

Se pueden tomar medidas preventivas, retirando o controlando elementos que puedan suponer un riesgo para la vida. Pedir ayuda a familiares, amigos o asistencia sanitaria si lo viéramos necesario, a pesar de que esto suponga romper la confidencialidad de lo hablado con esta persona. Prevenir mejor que curar.

El suicidio sigue siendo un tema controvertido en nuestra sociedad. Queda mucho por hacer y muchos recursos que implementar para su prevención. Si estás sufriendo, estás pasando por un mal momento o estás teniendo pensamientos sobre acabar con tu vida no dudes en hablar con alguien cercano o acudir a un especialista.

En Casaleiz Psicología estamos a tu lado para ayudarte.

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